Subvenciones, precios y tarifas condimentan la guerra del gasEconomía 

Subvenciones, precios y tarifas condimentan la guerra del gas

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Cledis Candelaresi

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Especial para Clarín

La abundancia del gas de Vaca Muerta y la promesa de hacer jugar a la Argentina en el tándem mundial de países petroleros subió el ánimo nacionalista sólo de manera efímera y no sirvió aún para atenuar los incrementos de tarifas. El escenario actual muestra a las empresas del sector batallando duramente entre sí y con el Estado y con precios del gas que suben en pesos y no ceden en dólares.

Con mayor producción del gas no convencional y luego de varias escaramuzas para invertir con alguna prerrogativa estatal o conseguir mayor porción del mercado, el gas mayorista para los domicilios hoy cuesta alrededor de US$4,68 el MBTU. Es menos que si rigiera el sendero de precios diseñado por el ex ministro Juan José Aranguren pero lo mismo que el invierno pasado, a pesar de una devaluación que superó el 100%.

Desde el comienzo de la gestión macrista, los valores minoristas subieron nominalmente un 1.000% y en los próximos días tendrán otro impulso. Tras las audiencias públicas el Ente Nacional Regulador del Gas definirá los valores para el semestre: las distribuidoras pidieron entre 28% y 35% de ajuste en el valor final.

Después de analizar si las gestiones de compra del producto fueron razonables para garantizar el precio más bajo posible a los consumidores, y si el Indice de Precios Mayoristas (IPIM) con el que se recompone el margen de transportistas y distribuidoras es parámetro apropiado en este contexto macro, el Enargas publicará los nuevos cuadros tarifarios. Mientras, los actores de la historia siguen librando encarnizadas batallas.

Productoras contra productoras

Los subsidios a Vaca Muerta prometidos por la resolución 46 resultaron tan generosos que la empresa que se acogió primero al beneficio se transformó en enemiga acérrima del resto. Casi la totalidad del gas no convencional que produce Tecpetrol tiene esa subvención que la hizo descollar por competitiva: podía cobrar menos el producto e inducir con ello una baja en su cotización. Esto dividió la tribuna productora en dos.

“No nos importa que tenga un beneficio sino lo que hace con él”, aseguró al Económico el ejecutivo de otra compañía también subvencionada, aunque sólo en una porción menor. Integra el bando que consideró que la energética de Techint incurrió en presunto “ dumping” aportando al mercado gas a menos de US$3 el MBTU, por el que finalmente cobraba más de 7 gracias a la subvención.

Tal fue la inquina que este grupo llegó a pedir al Gobierno que anule la resolución que potencialmente podría beneficiarlo también a él. Finalmente, por falta de fondos Energía recortó el subsidio a los proyectos aprobados y cerró arbitrariamente la puerta a los que estaban en espera. Germen de un pleito adicional al reclamo que la petrolera de los Rocca ya inició por la vía administrativa y que amenaza ir a los tribunales.

Puja con las distribuidoras

Para definir las tarifas que regirán desde abril, el Enargas definió pautas que para las productoras implicaron derrotas sucesivas. La más dolorosa es la que consideran una “pesificación” compulsiva del precio mayorista, dispuesto por el decreto de necesidad y urgencia 1053 del año pasado. Por ese DNU, el precio del gas quedará fijo en dólares por un semestre y al tipo de cambio de la primera quincena de marzo. Si hubiera un salto en la cotización de la divisa, se reflejará recién a fin de año, luego de la próxima revisión semestral. No antes.

La Cámara de Empresas Productoras de Hidrocarburos advirtió por nota al ente regulador que esa norma es inconstitucional y que “la eventual transferencia del riesgo cambiario a los productores de gas natural tendrá como consecuencia lógica la asunción de mayores precios de parte de los usuarios”.

En otras palabras, si no se puede trasladar a las facturas el mayor valor del dólar, el precio del gas será más caro para compensar la eventualidad de una depreciación del peso. En las recientes licitaciones públicas, las compañías habrían vendido especulando con un tipo de cambio de $45 para el semestre invernal.

La otra supuesta derrota frente a las distribuidoras es porque las petroleras tendrán que cobrar a los 65 días y no a los 30, como aspiraban. Los ánimos de la tribuna energética se recalentaron cuando Alejandro Mc Farlane, director de Camuzzi, dijo públicamente que para las distribuidoras era financieramente imposible pagar en el plazo menor. Con eso violó el pacto implícito del sector de dirimir las diferencias lejos de los micrófonos. El ex Edelap quedó fuera de código: hace un tiempo las productoras evitaron hablar de la morosidad de algunas distribuidoras que no pagaban el producto pero repartían dividendos.

El Estado y sus deudas

El precio mayorista del gas está fijado en moneda dura y según la ley del Gas cualquier mayor costo debe ser transferido a la tarifa. Pero el año pasado resultó políticamente inviable hacer ese pass through cuando el tipo de cambio saló de 20 a 40 pesos la unidad y el Estado asumió la diferencia como una deuda. Aún no está calculado el importe fino de esa obligación, que superará los 20 mil millones de pesos. Pero sí la modalidad de pago: será en pesos y cuotas ajustables por la tasa pasiva del Banco Nación, trampita para licuarla.

Como contrapartida, estos días hubo una buena noticia para el puñado de productoras como YPF, Total y PAE que esperaban cobrar en enero la primera de las cuotas por los US$1.583 millones que Energía adeuda por subsidios del Plan Gas del 2017. Sólo que en lugar de verdes billetes les está entregando un bono que deberán honrar futuras administraciones de gobierno.

Para el Gobierno no es fácil disuadir a las empresas de que entierren dólares sin una zanahoria irresistible y en un contexto de mucha incertidumbre política, no sólo por el recambio del gobierno nacional sino por las elecciones en provincias como Neuquén.

Finalmente, no importa si Doña Rosa utiliza leña o un panel solar para cocinar y calefaccionarse. A través del pago de sus impuestos ayudará a estimular a los productores para que el gas sea más barato en las hornallas, tal vez de otros. Paradójicamente.

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