Analizan controles antidópings del Tour de Francia para encontrar una sustancia prohibida antes indetectable

La pandemia de coronavirus alteró los programas de lucha contra el dóping. El ciclismo no fue la excepción. La cuarentena ​obligatoria y el aislamiento social que se implementaron en muchos países, las restricciones impuestas en los viajes y la crisis económica que generó el COVID-19 obligaron a disminuir drásticamente la cantidad de controles en este deporte. Pero varios laboratorios europeos están aprovechando el “tiempo libre” para reanalizar las muestras de las ediciones 2016 y 2017 del Tour de Francia​, en búsqueda de un producto dopante que era indetectable en esos años.

Peter Van Eenoo, un científico belga que está a cargo de DoCoLab de Gante, uno de los principales laboratorios europeos con licencia AMA, admitió en una entrevista con el sitio ciclismointernacional.com que en esta temporada se realizarán un 33 por ciento menos de pruebas en todo el mundo.

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Se pasará de 300 mil tests a sólo 200 mil, una reducción que suena preocupante si se tiene en cuenta que en poco más de un año, los mejores ciclistas del mundo estarán disputando los Juegos Olímpicos en Tokio​.

“Las agencias nacionales de dopaje dependen de los ministerios y los ministerios tienen que ahorrar. Eso significa menos dinero para los controles de dopaje. Y la situación no era color de rosa antes. Para los Juegos de Río de Janeiro, por ejemplo, solo uno de cada tres atletas fue revisado de forma exhaustiva previamente”, afirmó quien dirigió la delegación antidopaje en Londres 2012​.

Según contó Van Eenoo, para los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro solo uno de cada tres atletas fue revisado de forma aexhaustiva previamente. Para Tokio, la proporción será menor. Foto AP/Pavel Golovkin

Con menos muestras nuevas para analizar, algunos de los laboratorios europeos más importantes -además del de Gante, los de Seibersdorf (Austria) y Colonia (Alemania)- están aprovechando para reexaminar viejos resultados, más específicamente los de la Gran Vuelta francesa de 2016 y 2017.

¿Por qué el foco en esas competencias? Según contó Van Eenoo, a fines de 2017 y principios de 2018, varios atletas dieron positivo por HIF (factores inducibles hipoxídicos), productos que dan al cuerpo la impresión de que tiene deficiencia de oxígeno, para que produzca un efecto parecido al de la EPO.

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Tras estudiar cómo fue el desarrollo de esa sustancia desde que apareció en el mercado negro en 2016, se llegó a la conclusión de que podría haber sido utilizada por algunos competidores en esas dos ediciones del Tour sin ser detectado. En los reanálisis también se podrían encontrar versiones más sofisticadas de la hormona del crecimiento.

“Nuestros métodos de prueba ahora se han optimizado y las confesiones de la Operación Aderlass, que desmanteló una organización de dopaje multinacional que operaba desde Alemania y Austria, apuntan en esa dirección. Por lo tanto, es posible que algo sucediera en los Tour de 2016 y 2017, pero no teníamos la manera de detectarlo tan fácilmente como ahora”, comentó el científico belga.

Así encendió una alarma en el ciclismo, un deporte que fue muy golpeado en el pasado por el dopaje.

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