Deuda:¿arreglo o default? dos resultados posibles y simultáneosEconomía 

Deuda:¿arreglo o default? dos resultados posibles y simultáneos

La Argentina está en default desde el 22 de mayo, negocia desde hace siete meses con los bonistas y en los últimos días se distanciaron las conversaciones con los acreedores más duros.

Desde las oficinas del ministro de Economía, Martín Guzmán, dejan trascender que el Gobierno hizo un gran esfuerzo al subir la propuesta de valor presente de los bonos a canjear de US$40 a US$53 por cada lámina de US$100 y que hasta ahí llegan.

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La versión se completa con que en la semana Guzmán presentaría otra propuesta ante la Comisión de Bolsa y Valores de los Estados Unidos (SEC) apostando a que entre el 40 y 50% de los bonistas aceptarán el canje por los nuevos bonos.

Esa posibilidad, según las estimaciones de los voceros, descarta que el poderoso grupo Ad Hoc que lidera el fondo BlackRock del poderosísimo Larry Fink vaya a adherir, ya que formalmente dijo hace unos días que “no ha habido un compromiso importante con las autoridades desde el 17 de junio”.

Asimismo, la propuesta de BlackRock contemplaría un valor de los bonos de US$57, además de cláusulas de reaseguro para los nuevos papeles, lo que habría llevado al presidente Alberto Fernández a decir: “quieren poner a la Argentina de rodillas”.

Llegado al punto, el Gobierno insiste en que es un negociador “de buena fe” y que su propuesta se enmarca dentro de los lineamientos del Fondo Monetario Internacional para la negociación con los bonistas.

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Mientras la titular del FMI, Kristalina Georgieva, dice que reza para que la Argentina llegue a un acuerdo amplio con los acreedores, el Gobierno parece más inclinado a ir creando las condiciones para enfrentar un juicio en el exterior con los bonistas que se queden fuera del canje.

Para los acreedores, Martín Guzmán ya fracasó en el primer canje de comienzos de mayo y continúa con la idea de encarrilar las conversaciones, con la inspiración de su numen Joseph Stiglitz, hacia un ejercicio académico respecto de cómo deberían renegociar las deudas los países subdesarrollados en un contexto de crisis global como es el actual por la pandemia del coronavirus.

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Si ese fuera el marco experimental, después de siete meses de tira y afloje y cuando se empiezan a conocer los datos de una drástica caída de la actividad económica por la cuarentena, la pregunta sigue siendo la misma que a comienzos del año y cuando la pandemia no se vislumbraba: ¿le conviene a la Argentina profundizar la cesación de pagos?

Operadores financieros habitualmente bien informados insisten en que Alberto Fernández y la vicepresidenta, Cristina Kirchner, quieren evitar el default total y saben que una presentación ante la SEC no logrará el 100% de adhesión y, por tanto, el camino a transitar sería la construcción de “un caso” de deudor de buena fe para defenderse en los tribunales norteamericanos. ¿Alcanzará para despejar el horizonte financiero?

La Argentina tiene experiencia en navegar aguas de default parcial y también en correr el riesgo de que algún acreedor, o grupo de acreedores, intente juntar el 25% de una serie de bonos para ir a la Justicia e intentar la “aceleración” del pago del 100% de la deuda. Son litigios que pueden llevar mucho tiempo y dinero, y el Gobierno lo sabe.

Mientras que la negociación por el canje de la deuda se estiraba, la actividad económica se derrumbaba por la cuarentena y el Gobierno expandía el gasto público y la emisión, el Banco Central no pudo aprovechar “el trimestre dorado” de los dólares para la Argentina.

Al 31 de marzo el Central tenía reservas totales por US$43.588 millones. El 2 de junio alcanzaban a US$43.242 millones, prácticamente sin cambios a lo largo de los tres mejores meses de ingreso de divisas por las exportaciones de granos y cereales.

Los exportadores de granos aseguran que la venta de divisas fue normal y el Gobierno responsabiliza a las liquidaciones anticipadas de fin de 2019 ante la perspectiva de que el nuevo gobierno aumentaría las retenciones. Los dos tienen argumentos atendibles, pero el resultado reflejó una pérdida de oportunidad.

El Gobierno eligió proponer un canje de deuda sin contar con un plan fiscal y monetario sostenible y, a mitad de camino, cayó la pandemia y la necesidad de atender a la población más necesitada. Sin reservas ni crédito se le hizo muy difícil. La incertidumbre continúa cruzando fuerte a la Argentina, ya que se desconoce si habrá un rumbo o si el plan será seguir tapando agujeros.

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