China, la más integrada al capitalismo del siglo XXIEconomía 

China, la más integrada al capitalismo del siglo XXI

La economía china, la segunda del mundo (US$14,9 billones/15% del PBI global), creció 3,2% anual en el segundo trimestre del año, tras hundirse 6,9% anual en los primeros tres meses de 2020, como consecuencia de la pandemia del coronavirus que se desató el 27 de diciembre de 2019 en Wuhan, provincia de Hubei.

El valor agregado de la manufactura high tech trepó 4,5% anual entre enero y julio de este año, mientras que la inversión en los servicios de alta tecnología aumentó 7,2%.

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Al mismo tiempo, las ventas minoristas se incrementaron 14,3% (+5.6% en igual periodo del año pasado); y más de 2/3 de esas ventas – este es el dato estratégico central – se realizaron a través del comercio por Internet (e-commerce), que se expandió más de 40% en este periodo.

Por eso la frontera tecnológica de la República Popular se amplió más de 30% en los últimos seis meses: ha crecido el doble de lo que había logrado anualmente en la última década.

El resultado es que la economía digital (que implica la digitalización completa de la manufactura y los servicios) cubre ya más de 40% del PBI; y crece con una tasa de 15,1% anual, que equivale a 1,4 puntos porcentuales de alza de valor agregado por año.

China ha modificado su posición – y significado – en las cadenas globales de producción en la última década, tras convertirse en la primera exportadora mundial en 2009 (US$2,4 billones el año pasado); y en este sentido, el dato más significativo es que más de 80% de ese crecimiento ha sido en el comercio intrarregional asiático, a través sobre todo del vínculo con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN).

La consecuencia más significativa del creciente papel mundial de China es que hoy es la principal socia comercial de 144 países en el mundo (de 192 representados en Naciones Unidas); y esto sucede en un sistema transnacional de producción que tramita más de 80% del comercio internacional.

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La totalidad de las 3.000 mayores compañías transnacionales (ETN’s) producen, venden y exportan en la República Popular, en tanto 25% de las ETN’s son chinas y 44% norteamericanas.

Prácticamente la totalidad del crecimiento chino es obra hoy de la demanda doméstica (93% del total). Esto hace que el mercado interno sea hoy el eje de la inserción de China en el mundo, al estar constituido por 1.440 millones de habitantes con ingreso per cápita de US$10.000 anuales que crece 8.8% por año.

La paradoja china es que el vuelco hacia la demanda doméstica y el mercado interno está acompañado por una acentuación de su apertura al capital extranjero, sobre todo norteamericano; y ante todo ha abierto la totalidad de su sistema financiero y su mercado bursátil (US$29 billones).

Hay que sumarle al comercio internacional chino la expansión de la “Ruta de la Seda”, que vincula a la República Popular con 65 países de la masa euroasiática, y atraviesa Asia Central, Rusia y Europa (Oriental y Occidental).

La inversión china en la “Ruta de la Seda” supera ya los US$87.000 millones, y ha desarrollado una infraestructura de transporte y telecomunicaciones de última generación, que abarcó a 5.700 trenes de carga el año pasado, que unen a China continental con Alemania, Francia y Gran Bretaña.

El comercio intrarregional de la “Ruta de la Seda” asciende a más de US$8.000 millones por año, y crece 12%/14% anual, por lo que se triplicaría en los próximos 10 años.

De ahí que la relación comercio internacional/PBI de la República Popular sea hoy 87%, la mayor del mundo avanzado, superior a EE.UU (donde es 24%).

China, en suma, es el país más integrado al sistema capitalista global del siglo XXI. Por eso es que EE.UU. no puede utilizar en su competencia estratégica con la República Popular la doctrina de la “contención” (George F. Kennan) con la que ganó la Guerra Fría.

Lo reconoce expresamente el Secretario de Estado Mike Pompeo en su discurso de Yerba Linda, (Nixon Library, 23/07/2020: “A diferencia de la Unión Soviética, China está profundamente integrada en la economía global”, dice el Secretario de Estado. Por eso insiste en que EE.UU. necesita una estrategia de confrontación basada en “…la reciprocidad, la transparencia, y el juzgamiento por los resultados”.

Agrega Pompeo que “…este es un desafío nuevo y complejo que EE.UU. no ha enfrentado antes. La Unión Soviética estaba cerrada (era absolutamente autárquica) frente al mundo libre, en tanto que China está hondamente integrada a la economía global”.

En octubre de 1962 (crisis de los misiles en Cuba), apogeo de la Guerra Fría, el comercio bilateral entre EE.UU. y la Unión Soviética era de US$2.000 millones anuales; y hoy el intercambio global entre EE.UU. y China es de US$2.000 millones por día.

Esa política es la de competencia estratégica con la República Popular (“Estrategia de Seguridad Nacional de EE.UU”/diciembre de 2017), que impone a la confrontación entre las superpotencias – hoy exacerbada – una dimensión ineludible de cooperación.

En síntesis, enfrentamiento y cooperación. Este es el signo esencial de la puja de las superpotencias en el siglo XXI, debido a que el hecho central de la época es que China se ha transformado en el país más integrado del sistema capitalista global.

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