Del festival de acuerdismo al portazo opositor a las sesiones remotasEconomía 

Del festival de acuerdismo al portazo opositor a las sesiones remotas

“Tiramos la llave al agua”. La metáfora expresa la táctica de la oposición para marcar la agenda de los temas que discutirá con el oficialismo dentro del formato de sesiones remotas. El protocolo que las regulaba venció este viernes en la cámara de Diputados y hasta ahora ninguna de las dos veredas ha dado el paso para algún consenso que suponga una reapertura de las sesiones. Esto tiene una sola salida: que el oficialismo saque de la agenda los proyectos del odio – reforma judicial, pesquisas Vicentin, impuesto a los recontra ricos o el enjuiciamiento del Procurador Casal. Para la oposición son consignas para hacer músculo en la pelea por el dominio de los espacios políticos, y no porque de esos proyectos vaya a resultar alguna solución de algún problema. De ahí la resistencia en la negativa de sesionar a distancia sobre esos emprendimientos del peronismo. Dentro de la pandemia todo, fuera de la pandemia nada. Salvo proyectos de necesidad y urgencia, que por ahora no aparecen en el horizonte. Cualquiera de esas iniciativas es un llamado a la guerra, y si hay guerra la quieren presencial, no remota ni virtual. Con todas las herramientas disponibles. En el formato remoto, la oposición juega disminuida y los oficialismos viven una primavera del autoritarismo. Es el mejor regalo que les da el virus a los gobiernos – aunque algunos ven en el bicho un pasaporte hacia la revolución. Las minorías de oposición quedan lejos de los controles de un sistema que acá y en todo el mundo proyecta un cono de sombra sobre las libertades públicas. Ocurre en todas las emergencias. Por eso los gobiernos aman las emergencias. Será más sano e higiénico, pero es un paseo por el abismo del autoritarismo, que sobrevino cuando el mundo parecía liberarse de la férula del estado controlador, con la primavera de las rebeliones contra sistemas de derecha e izquierda – de Piñera a Evo Morales – que parecía sepultar la distopías de Orwell.

Del reino de la libertad al reino de la necesidad

La decisión de sostener esta negativa ocurre después del empacho de acuerdismo de las últimas horas, que desmiente las leyendas de peleas en la superficie, las que entretienen al personal mientras por debajo actúan los boqueteros. Son las esclavitudes de la política. Engels (Federico, el mismo del Manifiesto), romántico y hegeliano, prometía el salto del reino de la necesidad al reino de la libertad. No corre eso para los políticos, baquianos en saltar del reino de la libertad al de la necesidad para salvar la ropa. Con tal de lograrlo, acallan las agresiones y admiten negociaciones que niegan en la superficie y adaptan el relato según la cara del cliente. La necesidad forzó la tarea de los boqueteros, que le permitió al gobierno tener en una semana un paquete de leyes de la gobernabilidad, con quórum asegurado y aprobación en general por amplios márgenes de votos: quiebras, moratoria fiscal, prórroga del presupuesto y endeudamiento. Y ahí acabó nuestro amor, dice la oposición de Juntos por Cambio. Si esperan avanzar en temas odiosos y no acordados, que sea en sesiones presenciales. El oficialismo tendrá que admitir en ese caso algún sistema de sesiones presenciales con distanciamiento social, que permita el “face to face” que es la esencia de la vida política.

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La marea pactista saca de apuros a Axel y a los intendentes bonarenses

La oposición logró, a cambio, fondos para municipios de Buenos Aires – un “fondo Ritondo”, para llamarlo por quién lo negoció – de $5.000 millones, más $10.000 millones para transportes de todo el país, menos discrecionalidad en el reparto de fondos para las universidades, y algunas minucias más. También la necesidad forzó al gobierno de la provincia de Buenos Aires a ceder a las demandas de la oposición provincial – que le controla el Senado – para tener la demorada ley de endeudamiento a cambio de un paquete de $6.300 millones para ayudas a los intendentes, 58 de los cuales – sobre un total de 135 – están en manos de la oposición. La necesidad por sobre la libertad. El acuerdo le permite a Axel Kicillof renegociar la deuda y cerrar una inquina que llevaba desde que asumió la gobernación. Ahora cedió fondos a cambio de esa ley de endeudamiento. Tiene aún pendiente el acuerdo para unos 40 cargos, que debe ceder a la oposición en organismos loteados, como el banco Provincia, empresas del Estado, contaduría y tesorería general, etc. Lo frena su negativa a sentarse con María Eugenia Vidal y el contexto de la peste que le pone mala cara a cualquier acuerdo por cargos. También frena los pactos la pelea interna entre las tribus del oficialismo bonaerense, donde disputan cargos la gente de Axel, la del cristinista Cuto Moreno, la de Massa y alguna más. Mal pueden ceder posiciones si no se ponen de acuerdo entre ellos. Son racionalidades que los protagonistas buscan embozar en peleas callejeras para distraer a los ingenuos.

Las iras del airado Máximo

Este festival del acuerdismo ocurrió después de un turno de odiosos enfrentamientos que se había cerrado el viernes anterior, cuando se aprobó la moratoria fiscal, que contiene la cláusula Cristóbal, que beneficia entre otros, al grupo Indalo. El artículo 11° de esa norma fue rechazado en particular por la oposición, que juntó 121 votos contra los 130 del peronismo, uno más, apenas, por sobre el quórum para sesionar. El cierre de aquel debate mostró a un exaltado Máximo Kirchner que dedicó descalificaciones hacia la oposición, especialmente en la persona de Mauricio Macri (“mejor turista que presidente”, le dijo) y agravios a empresarios y sindicalistas, en la persona de Héctor Daer por haber mantenido una reunión con más contenido simbólico que efectivo, en la misma línea de encuentros Alberto Fernández, que habían herido la estética del Instituto Patria. Para la oposición de Juntos por el Cambio fue injusto, porque esa sesión había sido posible por el aporte al quórum que habían hecho ellos, que también querían una moratoria, aunque sin excepciones. Se dijeron traicionados y que no renovarían el protocolo virtual, como adelantó este diario en la edición del lunes pasado. “Les dimos una mano, y este chico nos mea”, se quejó uno de los caciques de Cambiemos. La urgencia por sacar la prórroga del presupuesto forzó algunas señales claras. Una de ellas, que Máximo saliese del escenario. No le aceptaron las disculpas por esas descalificaciones, que intentó hacerles llegar a través de algunos cortesanos. Esas disculpas admitían que Máximo había errado el adversario. “Estoy caliente por las cosas que algunos del Pro le han hecho a mi mamá”, mandó a decir. En realidad, había querido responder a las críticas del diputado Fernando Iglesias a su madre. Iglesias había sido hiriente con Cristina en aquella sesión cuando planteó una cuestión de privilegio contra Sergio Massa, por haberle negado el uso de la palabra en una sesión anterior. “Usted me dijo: no tiene coronita. Señor presidente: yo no quiero tener coronita. Esa tiene coronita, señor presidente – agregó en alusión a Cristina -. Esa. A esa quítele la coronita, porque tiene cinco prisiones preventivas, una refrendada por la Corte, y no pasó ni un día en prisión. ¡Esa tiene coronita! Así que, por favor, señor presidente, ya que le preocupan las coronitas, ocúpese de esa y trate de evitar que, además de la coronita, le pongamos un traje de impunidad a la reina que hoy ejerce la Vicepresidencia de la Nación.” Artificios que rozan poco la realidad: estar cerca o lejos del calabozo no decide nada en política. Quien debería saberlo antes que nadie es Máximo, salvo que la confusión entre el interés privado y el interés público sea una enfermedad hereditaria.

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Dolarización de bonos: Guzmán logró lo que le negó a Macri

La aprobación de la prórroga del presupuesto que estaba prevista para el martes siguiente quedó en el aire después de ese desaire. Mejor que Máximo saliese de escena. No estuvo en la reunión “zoom” del martes al mediodía, cuando la oposición acercó un paquete de condiciones al oficialismo, antes de arrancar la sesión. En ese encuentro estuvieron Massa y Carlos Heller, pero no el hijo de la vicepresidente. Del otro lado, los jefes de las bancadas opositoras, Mario Negri, Cristina Ritondo, Maxi Ferraro, los vicepresidentes Álvaro González y Alfredo Cornejo, y los economistas Luciano Laspina, Luis Pastori y José Luis Riccardo. En esa reunión la oposición planteó las demandas que el oficialismo debió ceder para ésta que fue la última sesión remota. Se explica que el cierre de Negri a la sesión transcurriera en paz, como si hubiera indultado al oficialismo por los desaires de Máximo, que no apareció tampoco para cerrar los discursos de su bloque. Delegó la tarea en Itai Hagman, diputado que representa a las organizaciones sociales que reportan a Juan Grabois. Esta mordaza, más que barbijo, para Máximo, le permitió el atajo familiar de no estar en el escenario de las malas noticias. Con vergüenza ajena, el oficialismo impuso, por un pelo, los artículos 7 y 8 de la ley de prórroga del presupuesto, que dolariza deudas hasta ahora nominados en pesos. La misma cláusula que el peronismo le había negado dos veces, cuando eran oposición, al gobierno de Macri. Aquel peronismo recordó Luciano Laspina, tenía a Martín Guzmán como asesor. El informe para que se rechazase ese pedido de Macri lo había firmado Sergio Chodos, hoy representante del gobierno ante el FMI. Una contradicción poco explicable para un partido que condenó las dolarizaciones de otros gobiernos – salvo la convertibilidad de la que gozaron en el veranito de Menem-Cavallo. Lo explica la necesidad, que limita las liberalidades del discurso, y le baja el precio a quienes se ufanan de ser distintos por no dejar las banderas en la puerta de la casa de gobierno. Las dejan, cuando se hace necesario, en la casa

La verdadera relación de fuerzas: 129 a 125 en Diputados

De manera solapada el oficialista Carlos Heller justificó esa contradicción como “una pequeña concesión” dentro de una negociación exitosa. Laspina habló de un “trato diferenciado” a través de una “salida elegante” con nombre y apellido, los fondos Pimco y Templeton. Jorge Sarghini, del bloque lavagnista Consenso Federal fue más allá y rechazó la aprobación por ser un privilegio. La jefa política de ese bloque, Graciela Camaño, tomó la palabra para rechazar la suspensión de la ley de Administración Financiera que, dijo, endeudarán más a los argentinos. Roberto Lavagna había llevado esa posición a Olivos, cuando almorzó con Alberto, pero no le hicieron caso. El lunes, antes de peregrinar a la casa de Cristina a mostrarle los números del cierre del acuerdo, Guzmán recibió en su despacho presencial, no un zoom – eso queda para la oposición – a Massa, Máximo, Heller, Fernanda Vallejos, Hagman y otros, y les explicó que esa autorización para que los grupos dolaricen bonos en pesos es más barato que dejarles que vendan sus posiciones en pesos y vayan a comprar dólares en el sistema de contado con liqui. “Si no dolarizamos nosotros, dolarizan ellos y nos perjudican porque son US$1.500 millones que van a presionar en el mercado de cambios”. Estos bonos son los que colocó “Toto” Caputo en pesos en su momento, quizás con una promesa verbal de dolarización que ahora cumple el gobierno peronista. ¿Cómo se iba a bancar Máximo cerrar ese debate? De ese debate hay que tener el resultado que logró la oposición, 125 votos contra los 129 del oficialismo para imponer la cláusula de dolarización. Es el retrato de cuanto pesa en el Congreso cada uno. De esa relación de fuerzas dependen los deseos imaginarios del peronismo.

No sea que Alberto termine pagando las facturas de Berni

Antes de aquella sesión del viernes 31 de julio, ya Máximo había tenido otro exabrupto en una reunión de Labor Parlamentaria. La oposición había pedido que se votase un pedido de citación de la ministro de Seguridad y el secretario de Derechos Humanos para responder sobre la desaparición del joven Facundo Astudillo. Máximo se exaltó entre cuatro paredes en esa reunión de Labor Parlamentaria con argumentos como “Si es así vamos a discutir todos los desaparecidos de antes”. Se plantó en la negativa, no fuera que Horacio Pietragalla Corti y Sabina Frederic tuvieran que dar cuenta de la política de seguridad del gobierno de Axel Kicillof. “Ellos tienen una política distinta a la nuestra en Nación”, se escuchó como pretexto. El temor del gobierno es que el caso Astudillo se le convierta en un caso Maldonado, que le sirvió al peronismo para esmerilar la política de seguridad del anterior gobierno y a la figura de Patricia Bullrich. En síntesis, no sea que Pietragalla y Frederic, o sea Alberto, termine pagando una factura de Sergio Berni, el duro. Imposible imaginar mayor internismo. Le queda mucho por aprender a Máximo, que está donde está más “puesto” en el cargo que Alberto. Un político debe manejar la ira y no hacer política desde el rencor personal, ya que es un oficio en donde al calentón se lo come el león. En palabras de Román: “No vengo a hacer amigos, vengo a ganar campeonatos”.

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