Después de la firma, empieza el partidoEconomía 

Después de la firma, empieza el partido

Por

Matías Tamburini

Especialista en Mercados Emergentes

La compleja reestructuración de la deuda quedó atrás, ya no importa si el proceso fue más extenso de lo que debería haber sido, si la postura frente a los fondos fue la adecuada o si la progresión de los cupones podría haber sido mejor. El proceso fue bien diseñado más allá de las críticas de diversos sectores: la deuda en pesos, con poca ortodoxia, fue normalizada. La de dólares con ley extranjera está a punto de cerrarse. La de ley local será un trámite administrativo, aunque es importante destacar el acierto del gobierno de situar la ley local a la misma altura de la extranjera, una pequeña subordinación de la legislación argentina con el fin de ahorrar unos pocos dólares extras hubiese sido un gran tropiezo mirando para adelante.

Finalmente, con este horizonte sólo queda sacar la última piedra del zapato, el FMI: si bien nos espera una ardua negociación, coloquialmente el FMI ya está embarazado de nosotros y en este caso la opción del aborto no existe, por lo que será cuestión de tiempo para ver cómo se acomoda a nuestras dificultades. En síntesis, lo cierto es que el gobierno concluyó una etapa clave para sentar bases solidas para enfrentar el futuro.

¿Significa esto que una vez superada la pandemia y la cuarentena más larga del mundo, comenzaremos a transitar algo ya olvidado, el crecimiento económico?

La respuesta es corta y simple, todavía no. En términos futbolísticos estamos recién en la etapa de poder meter once jugadores y un técnico a la cancha. Con la deuda en default no podíamos anotarnos en el torneo, no teníamos ni para las camisetas, ni siquiera podíamos verlo de la tribuna.

Ahora el equipo está en el campo de juego y los hinchas saben que el partido es complicado, que tenemos miles de retos. Pero la paciencia de la hinchada -entre la pandemia y los malos resultados de los últimos 10 años- no nos da mucho margen.

Argentina tiene que enfrentar desafíos fiscales, de política monetaria, laborales, productivos, etcétera. Algunos más urgentes que otros. El récord de pesos en la calle y como hará el BCRA para neutralizarlos y que la inflación no nos ahogue será el más inmediato. El Banco Central se quejaba que hasta que no se arreglara la deuda poco podía hacer. Ahora el BCRA puede ir de 7, por derecha, llevarse los pesos al rincón y tirar el centro, pero sin equivocarse porque no hay a quien echar la culpa.

A los empresarios el técnico debe dejarlos jugar. Sin ellos no se llega al segundo tiempo. Deben ser la estrella del equipo, facilitarles la tarea para que después tiren caños y rabonas, sin reforma fiscal y modernización laboral se van a comer todos los amagues. Sus goles los van a disfrutar más el técnico y los hinchas que los propios jugadores. Eso sí, pongamos reglas claras para que estén motivados, es fundamental alinear los objetivos del equipo y el cuerpo técnico.

Este partido sólo es posible ganarlo entre todos. La cosa está difícil y sería bueno no empezar a bombear desde el minuto uno, porque ya sabemos cómo termina. Es bueno que el técnico tenga, eso sí, siempre unos cambios a mano por las dudas, y aprovechar las nuevas reglas de la FIFA, que hoy te deja meter más de tres por partido. Estamos listos, que suene el silbato.

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