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Riquelme vs. Riquelme: aquel N° 10 de Boca se rebelaría ante este dirigente

Los hombres cambian a medida que la vida transcurre y asumen mayores responsabilidades. Nadie es el mismo diez años después, es cierto, pero sí algunos rasgos de la conducta se mantienen intactos pese a las diferentes funciones. Sobre todo aquellos que se refieren a los modos, las formas y los principios, como un modo de eje rector o pauta sobra las cuales guiarse. Nadie, tampoco, es distinto de lo que marca su esencia.

La conducción de Jorge Amor Ameal trajo a Boca un formato no tan habitual para el manejo del fútbol: un Consejo integrado por ex futbolistas con un buen pasado en la institución. Presidido por Juan Román Riquelme, además vicepresidente segundo de los xeneizes, se enrolaron Jorge Bermúdez, Raúl Cascini y Marcelo Delgado. Ganadores, temperamentales y con las agallas suficientes para enfrentarse al dirigente de ocasión en cuestiones individuales o grupales, debieron tomar decisiones fuertes de entrada como para marcar una línea.

El Consejo de Fútbol hizo una profunda reestructuración que incluyó la salida de otros nombres importantes y queridos. Algunos fueron compañeros en la época dorada, bajo el mando de Carlos Bianchi, como Rolando Schiavi, que cada vez que puede habla de su dolorosa desvinculación. O el mismo Nicolás Burdisso, con un contrato vigente como secretario técnico, al que demoraron y desgastaron hasta que sucediera lo obvio: que renunciara.

JUAN ROMAN RIQUELME EN EL PALCO DE LA BOMBONERA.LA NACION

La remoción de todo el tramado de divisiones juveniles incluyó al coordinador Oscar Regenhardt, que no dudó en el momento de opinar sobre la metodología de trabajo de Riquelme y Cía.: “Vos no podés llegar y arrasar con todo lo que había como si no sirviera […] Lamentablemente, la comunicación fue muy fría, se podría haber hecho una reunión o una evaluación, pero sabiendo que la decisión viene de Riquelme, sé que todo lo que hace desune. Nunca unió”.

El Consejo de Fútbol de Boca tuvo el mérito y la fortuna de haber elegido a Miguel Ángel Russo como entrenador y, al poco tiempo, haber salido campeón en la campaña cuya mayor parte había sido dirigida por Gustavo Alfaro. Fue una buena estrella que, paradójicamente, no le entregó un crédito inmediato para todo lo que vendría. Y allí los cimbronazos vinieron de adentro para afuera, como si Boca le hubiera puesto trampas al mismo Boca, como si alguien se sintiera cómodo dentro de la incomodidad, del conflicto.

Reuters

Carlos Tevez lo sintió en carne propia en medio del tironeo de intereses por su continuidad y de la disputa ideológica: nunca fue un dato menor que el actual capitán es afín al ex presidente Daniel Angelici. Hasta escuchó a Bermúdez calificarlo como un “ex jugador” en tiempos en los que los teléfonos no sonaban y los mensajes se perdían por allí.

Más adelante, las posiciones encontradas con Julio Buffarini, Mauro Zárate, Cristian Pavón y Ramón “Wanchope” Ábila sólo aportaron tensión y crisparon un ambiente que debía desenvolverse entre una presunta calma, con dos títulos locales y pese a una eliminación en las semifinales de la Copa Libertadores que hizo ruido, aunque si eso hubiera sido algo excepcional, no habría influido tanto en todo el mal clima interno que vino después. En aquel momento, además, contribuyó que River también se hubiera quedado afuera.

Riquelme, una mañana en la que se dejó ver en el predio que tiene Boca de Ezeiza

Son tiempos en los que Boca se consume internamente por el flojo momento deportivo y los cortocircuitos dentro del plantel, como se vio durante la derrota con Talleres por 2-1, con el cachetazo de Frank Fabra al subcapitán Carlos Izquierdoz. Desde el Consejo sugieren ahora que todo es responsabilidad de Russo, pero cuesta creer que ex futbolistas con tanto peso no intervengan en temas de vestuario, al menos, para apaciguar los ánimos.

Es más, nadie les reprocharía que lo hicieran. Ni que decir en áreas que conviven e interactúan todo el tiempo. Los límites y el respeto pasan por otro punto mucho más profundo. Si, después de todo, ya lo hicieron para definir temas contractuales, inclusive por encima de las ambiciones deportivas, como ocurrió con la separación de Guillermo “Pol” Fernández.

Alguna vez en su programa de televisión, La noche del diez, Diego Maradona se entrevistó a sí mismo. Algunas preguntas fueron punzantes. Otras de ocasión. Si hoy Riquelme hiciera el mismo ejercicio, seguramente, aquel futbolista combativo desde las declaraciones tendría demasiadas cosas que decirle a este dirigente de hierro.

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