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Racing – San Lorenzo: Juan Antonio Pizzi y Diego Dabove, en un juego de espejos ante un clásico que puede marcar el futuro de ambos entrenadores

El último enero los bancos de suplentes de San Lorenzo, Racing e Independiente habían quedado vacantes. Diego Dabove, de muy buena campaña en Argentinos Juniors, aparecía como candidato para los tres clubes, igual que Hernán Crespo, revelación con Defensa y Justicia, que al cabo dio el salto al San Pablo. El ex entrenador de arqueros, finalmente, eligió dirigir al Ciclón. Y en Avellaneda apostaron por dos nombres que no estaban en el radar: Juan Antonio Pizzi llegó a la Academia y Julio César Falcioni al Rojo.

Después de más de 100 días de trabajo, los tres técnicos llegan con dudas a este partido final de la zona de grupos de Copa de la Liga, desde los números y desde el juego. Pizzi y Dabove, apuntados por los hinchas, con su continuidad en duda más allá de junio, no cumplieron con las expectativas. Pero al menos les queda un consuelo: en este domingo de definiciones todos los ojos futboleros apuntarán a Racing-San Lorenzo, desde las 14:30, en el Cilindro, en el que los dos arriesgan la clasificación a los cuartos de final.

El día que Juan Antonio Pizzi asumió como DT de Racing, hace poco más de tres mesestwitter @RacingClub

Se puede hacer un juego de espejos entre el ciclo de Dabove en el Ciclón y Pizzi en la Academia, que comenzaron casi al mismo tiempo: el 19 de enero el ex arquero y el 21 el ex goleador. Arrancaron con los mismos objetivos: la ilusión de la Copa Libertadores, más la obligación de cumplir en el torneo local y meterse al menos entre los cuatro primeros de su zona.

Para el calendario apretado que tocaba para este semestre recibieron refuerzos. A San Lorenzo llegaron cinco nombres que pidió el DT: Yeison González, Jalil Elías, Franco Troyansky, Lucas Melano y Diego Braghieri. A Racing, ocho: Joaquín Novillo, Ezequiel Schelotto, Aníbal Moreno, Ignacio Piatti, Maximiliano Lovera, Tomás Chancalay, Enzo Copetti y Matías Tagliamonte. Aunque el semestre ya se acerca a su final, ninguno de los dos parece haber encontrado una identidad en su equipo, ni desde los nombres ni desde el juego.

Los números también son similares. En 18 partidos, Pizzi sacó el 53% de los puntos, con ocho victorias, cinco empates y cinco derrotas. En 20 juegos, Dabove cosechó el 48%: ocho triunfos, cinco empates, siete caídas. Aunque en San Lorenzo ya se anotan algunos objetivos en el debe: la aventura en la Libertadores duró muy poco, sus chances en la Copa Sudamericana están complicadas y ya quedó eliminado en la Copa Argentina. La copa local es el único consuelo posible: un empate lo meterá en cuartos de final.

Diego Dabove da indicaciones a sus dirigidos durante el partido que disputan San Lorenzo de Almagro y Santos por la Copa Libertadores; el DT se quedó afuera del torneo continental, está complicado en la Sudamericana y ya fue eliminado también de la Copa Argentina; sólo le queda luchar por el título en la Copa de la LigaMauro Alfieri / POOL ARGRA

Pizzi, aunque tiene el mal antecedente de la dura derrota en la final de la Supercopa Argentina ante River por 0-5, cuenta algunas buenas: sigue adelante en la Libertadores y en la Copa Argentina, además de haber ganado el clásico ante Independiente, otro de los ítems que estaban marcados en resaltador cuando asumió en enero. Sin embargo, la dirigencia ya parece haberle bajado el pulgar y busca candidatos para después de junio. Pizzi sabe que si hay alguna manera de revertir ese destino que ya parece escrito hace casi dos meses debe conseguir la clasificación hoy.

No será fácil: Racing tiene que ganarle por dos goles a San Lorenzo para superarlo en la tabla y, además, que Rosario Central no triunfe ante Platense, en Saavedra, o que lo haga por dos goles menos que la diferencia que la Academia le saque al Ciclón. Es una posibilidad, entonces, que para Pizzi y Dabove este sea el último partido en el torneo argentino del semestre. Si hay triunfo local en Avellaneda, pero Central suma de a tres, San Lorenzo y Racing quedarán eliminados.

“Se cuestiona nuestra labor en apenas tres meses de trabajo. Al margen del aval que dan los resultados que pudimos obtener hasta ahora, creemos que hubo una campaña descarada e irrespetuosa hacia nuestro trabajo, que hemos sabido llevar con hidalguía y respeto”, fue el balance de su ciclo que hizo Pizzi, después del último 0 a 0 ante San Pablo. 48 horas después de esta “final”, Racing jugará otra, en Lima, ante Sporting Cristal: si logra ganar puede tener asegurada su clasificación a los octavos de final de la Libertadores.

Juan Antonio Pizzi Mauro Alfieri / LA NACION

Ese también ha sido el sello distintivo de los ciclos de Pizzi y Dabove: tres meses con el calendario apretado, con partidos cada cuatro días de promedio, muy poco margen de mejora en sesiones de entrenamientos casi destinadas únicamente a recuperar futbolistas y preparar juegos decisivos. El santafesino, de hecho, suele repetir que mira los 13 partidos de la Copa de la Liga cada fin de semana, y el panorama que observa en otros clubes es similar. “Se hacen partidos buenos y partidos malos”, resume, con su estilo.

El análisis de Dabove va por el mismo carril: “No nos gusta vernos donde estamos. Siento bronca, lo mismo que todos los que están vinculados al club. El partido ante Racing es fundamental. En un torneo tan parejo con equipos cambiantes, el lograr meterse entre esos cuatro primeros y quedar a tres partidos de salir campeón será importante”.

Diego Dabove FOTOBAIRES

Esa falta de constancia llevó a que San Lorenzo y Racing lleguen a esta última fecha con la calculadora en la mano. El Ciclón fue capaz de ganar en el Monumental, ante River, pero perdió 4 a 0 como local ante Central Córdoba, de Santiago del Estero. La Academia cayó ante Godoy Cruz, Central Córdoba y Arsenal, tres equipos que ya están fuera de la pelea. Pero venció con justicia al puntero Colón, por caso.

Cuando Gustavo Alfaro aún trabajaba en el fútbol argentino le gustaba definir a los entrenadores como “inquilinos”. Esa sensación se ajusta a los casos de Pizzi y Dabove, sin pertenencia con los clubes en los que trabajan, con interrogantes en el horizonte inmediato. Alfaro, a veces, iba un poco más allá en su definición: “Los entrenadores nos vamos poniendo la soga al cuello el uno al otro. Si hoy gano, me la saco yo y se la pongo al del otro banco”. La metáfora se puede hacer carne este domingo a la tarde en Avellaneda.

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