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Boom de “Observatorios”: la cada vez más grande burocracia argentina explicada por las Leyes de Parkinson

En 1955, el historiador británico Cyril Northcote Parkinson publicó un artículo en el semanario The Economist donde describió con humor e ironía el descomunal crecimiento que registraba la burocracia británica. Sus observaciones, aplicables a cualquier burocracia, se conocen desde entonces como Las Leyes de Parkinson, que luego el autor volcó en un par de libros. Todas sonarán familiares a los argentinos Entre las leyes sobresalen estas:

– “Un funcionario quiere multiplicar subordinados, no rivales'”;

– “Los funcionarios se crean trabajo unos a otros”:

– “El trabajo se expande hasta llenar el tiempo disponible para que se termine”.

Parkinson trabajó muchos años en la burocracia británica, más precisamente en el British Civil Service. Conocía el fenómeno de primera mano. Y escribió sus leyes tras notar que a medida que el Imperio Británico iba perdiendo su condición de potencia colonial, la burocracia y la cantidad de empleados de la Colonial Office no paraba de aumentar. Cualquier semejanza con la contracción del PBI argentino y la explosión de empleo público no es pura coincidencia.

Según las series estadísticas del Ministerio de Trabajo, en 2012 había 6.1 millón de empleados en blanco en el sector privado y 2,5 millón de asalariados en el sector público. Casi diez años después y con un PBI que se contrajo más de 10 puntos, en abril de 2021 los datos son estos: 5.9 millones de empleados privados (-3,5% respecto a 2012) y 3,2 millones de empleados públicos (27% más que en 2012).

Otra observación de Parkinson: “El total de empleados dentro de una burocracia aumenta en un 5 a 7% por año independientemente de las variaciones en la cantidad de trabajo que debe hacerse”.


El libro de Cyril Parkinson: Las leyes de Parkinson (y otros estudios en administración)

Parkinson notaba lo obvio. Más burocracia, más gasto público. Lo volcó en otra de sus leyes “Los gastos aumentan hasta cubrir todos los ingresos”. Otra ley, llamada “ley de la trivialidad”: El tiempo dedicado a cualquier tema de la agenda es inversamente proporcional a su importancia.

Sobre las oficinas y los escritorios, escribió la ley de la ocupación de los espacios vacíos: “Por mucho espacio que haya en una oficina siempre hará falta más”.

Las leyes de Parkinson sirven para describir un fenómeno puntual y muy actual de la burocracia estatal argentina. El fervor por la creación de Observatorios. Los hay para todos los gustos y a todo nivel: Nación, provincias y municipios. Dentro de una larguísima lista que se fue formando en los últimos años, hay dos casos creaciones recientes que merecen destacarse. Ambos vinculados a dos tragedias: la educativa y la sanitaria.

Días atrás, y después de más de un año con las escuelas prácticamente cerradas, con un desastre que era evidente para todas las familias, y con funcionarios nacionales y provinciales ciertamente “militando” el cierre de las escuelas, el ministerio de Educación de la Nación consideró necesario crear, a través de la resolución 2316/2021 el “Observatorio del Derecho a la Educación” (ODE) en el ámbito de la Secretaría de Evaluación e Información Educativa. Es decir, se trataba de observar si se cumplía o no el derecho al acceso a la educación.


Nicolás Trotta impulsó la creación de un Observatorio para controlar el derecho del acceso a la educación.

Como se ve, el ministro de Educación Nicolás Trotta, siempre seguro en sus definiciones, siempre certero en describir lo que está bien y lo que está mal, concluyó que hacía falta un observatorio para observar (no para resolver, desde ya) la tragedia de la educación argentina.

“El Observatorio trabajará de modo articulado a partir de los acuerdos alcanzados en el Consejo Federal de Educación, y de los consensos reflejados en el Consejo Nacional de Calidad de la Educación”  dice la resolución. La infraestructura del ministerio de Educación no alcanza para lograr esos objetivos, ni sus varias secretarías y subsecretarías. Hace falta un Observatorio. Articulación y Consensos, dos palabras que la burocracia tiene en alta estima.

El segundo caso a destacar: La resolución del Ministerio de Salud que estableció las normas para vacunar al denominado Personal Estratégico.

El artículo 7 de la resolución 712/2021 firmado por la ministra Carla Vizotti dice así: “Créase un observatorio para monitorear el cumplimiento de la presente Resolución, el cual tendrá facultades para emitir recomendaciones tendientes a mejorar los procesos involucrados en ésta. Para su integración se invitará a organismos externos de relevancia sanitaria y/o académica. Los y las integrantes del observatorio cumplirán sus funciones con carácter ad-honorem.”


Carla Vizzotti, ministra de Salud de la Nación. Un observatorio para controlar que se vacune al personal estratégico.

El observatorio debía observar y monitorear que se cumpliera la resolución. Que apuntaba a vacunar al personal estratégico y no vacunar al personal no estratégico. La resolución se publicó el 26 de febrero de este año. Una semana antes, el periodista Horacio Verbitsky daba a conocer, como protagonista, lo que luego se conocería como el “Vacunatorio VIP”. Por dicho vacunatorio, valga recordar, pasaron entre otros los padres (no estratégicos) de la ministra Vizzotti, creadora del observatorio.

En este caso el Observatorio llegó tarde.

Lo notable de la abundancia de observatorios es que parece una manera elegante de admitir que la burocracia existente no alcanza o no es capaz de cumplir con sus objetivos. O no sabe o no puede o no quiere. Y para ello hace falta anexar más burocracia. Al fin de cuentas, alguien tiene que trabajar.

Vale recordar que tras diez años de achicamiento de la economía, en general y desde ya calculando el PBI per cápita, la burocracia estatal no ha dejado de crecer. Se suele hablar de los funcionarios que son especialistas en comentar la realidad. Ahora tendrán como insumo la información que les acerquen los observatorios.

La pasión por los observatorios que va creando a buen ritmo la burocracia no es nueva. En los últimos años, y con una simple búsqueda en Google que diga “créase el observatorio…”, saltan decenas de casos, todos desde ya con fines loables.

– Créase el Observatorio Nacional sobre Violencia Institucional en el ámbito del Ministerio de Seguridad de la Nación.

– Créase en el ámbito del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad el Observatorio de las violencias y desigualdades por razones de género.

– Créase el Observatorio Federal de la Educación Sexual Integral.

– Créase el Observatorio de Violencia Laboral (Mendoza) Créase el Observatorio Provincial de Investigaciones de Muertes Violentas (Provincia de Buenos Aires).

– Créase el Observatorio de Seguridad Ciudadana (OBSECIPER) Pergamino.

– Crease en el ámbito del Partido de San Isidro, el “Observatorio de la Seguridad y Prevención Ciudadana”.

– Créase el Observatorio de Políticas Públicas y Desarrollo Regional (Jujuy).

– Créase el Observatorio Federal de Recursos Humanos en Salud, en el ámbito de la Subsecretaría Federal de Recursos Humanos en Salud, en el ámbito de la Subsecretaría de políticas, regulación y fiscalización.

– Créase el Observatorio Sanitario Socio Ambiental en el ámbito del Gobierno de la Provincia de La Pampa.

– Créase el Observatorio de Empleo Rosario en el Servicio Municipal de Empleo de la Secretaría de Promoción Social.

– Créase el Observatorio de la Obra Pública Sindicatura General de la Nación.

– Créase el Observatorio de Políticas de Género Créase el Observatorio Nacional del Trabajo del Futuro.

– Créase el Observatorio de Capacitación de la Pequeña y Mediana Empresa (PyME) en el marco de la Agencia.

– Observatorio para el fortalecimiento del consumo sustentable en la provincia del Chaco.

– Observatorio de Precios y Disponibilidad de Insumos, Bienes y Servicios.

– Crease el “Observatorio de la Igualdad de Empleo y Salarial en el ámbito de la Secretaría de Estado de Igualdad y Género de la Provincia de Santa Fe.

Y así fue cómo se conformó una nueva capa geológica en la burocracia. la de los Observatorios, plenos de observadores.

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