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El internismo crónico de los radicales acecha el triunfo de Cambiemos

Todavía no se apagaron las luces de los salones que cobijaron los festejos y los radicales ya comenzaron a blandear las banderas del internismo.

A menos de 24 horas del resonante triunfo, los referentes del centenario partido, ocuparon algunos canales de la tv nacional para ponderar el rol de la UCR, aduciendo entre otras cosas que el contundente triunfo de Diego Santilli fue merced a los votos aportados por Facundo Manes, una absoluta obviedad, aunque los radicales omiten decir que, en la interna de Cambiemos, el referente de Rodríguez Larreta obtuvo el 60% de los sufragios.

Idéntica analogía pretenden hacer en Capital Federal, donde María Eugenia Vidal superó por 20 puntos a Ricardo López Murphy y el radical Adolfo Rubistein obtuvo un escaso 4% de los sufragios.

Si seguimos repasando los distintos distritos donde Cambiemos tuvo internas, la escena se repite, salvo en Mendoza, donde el radical Julio Cesar Cleto Cobos se alzó con el 40% de los sufragios.

A pesar de la contundencia de los números, los radicales ahora se lanzaron a plantear una nueva interna, ni siquiera tuvieron el tino de esperar superar las generales de noviembre.

Fue Alfredo Cornejo el primero en lanzar que el radicalismo tiene que llevar el candidato a presidente, “es hora de un candidato propio” dijo el legislador mendocino.

Estas declaraciones cayeron muy mal en el corazón de Cambiemos, ya que se entiende que estos son los tiempos de fidelizar los votos obtenidos e intentar ampliar la base electoral que les permita colocar la mayor cantidad de legisladores posibles, tanto en el Congreso como en el Senado.

El primero en plantear el internismo en Cambiemos fue Gerardo Morales, quien desde Jujuy intentaba dinamitar el armado en Buenos Aires y Capital Federal.

Ingentes fueron los embates del mandatario jujeño, que no lograron hacer mella en los guarismos finales, Cambiemos ganó en todo el país y Santilli le ganó amplísimamente al candidato de Morales.

En los más altos niveles de la política nacional, no hay ni ingenuos ni ingenuidades, la titular del PRO, Patricia Bulrrich declaró ni bien comenzaron a conocerse los números oficiales, asegurando que están recibiendo números impresionantes “… Desde Tierra del Fuego a Salta y desde Mendoza a Entre Ríos…” (sic), a buen entendedor pocas palabras, ocurre que ya son cada vez más los que comienzan a situarlo a Morales más cerca del kirchnerismo que de Cambiemos.

Que el radicalismo no sabe gobernar es una verdad de Perogrullo, solo basta con repasar la gestión de Alfonsín, que tuvo que adelantar la entrega del mando, y de Fernando De La Rúa, que dejó la presidencia a bordo de un helicóptero. Y si venimos más cerca, la gestión de Morales es paupérrima, un fuerte crecimiento de la pobreza y un descontento social que crece y las respuestas desde la gestión no llegan.

Los radicales desde el regreso de la democracia, jamás demostraron vocación de poder, pero si una fuerte vocación por el cargo, aunque después no sepan qué hacer con él.

Lo más locuaz fueron algunos dichos de Rogelio Frigerio, cuando alguna vez siendo Ministro de Macri, refirió que cuando se juntaba con algún peronista se discutía de política, y cada vez que se juntaba con un radical le acercaban un currículum.

Los radicales no saben gobernar, son internistas crónicos y esos vicios pretenden imponerlo en la concertación que se consolida como una férrea oposición al kirchnerismo.

El desafío para cambiemos ahora está en focalizarse para las generales de noviembre y que el ruido que mete el radicalismo sea discutido en el tiempo correcto.

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