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Inflación: un debate con todas las voces menos la que más importa, la del Banco Central

Medio planeta está preocupado hoy por un rebrote de la inflación, un temor que parecía enterrado para el 99% de los países pero que -pandemia mediante- resucitó a partir de la inyección de dinero que se vieron obligados a aplicar los gobiernos para atenuar el impacto de la recesión provocada por la cuarentena.

En todos los casos la voz cantante y las medidas para atenuar el rebrote corrieron por cuenta del Banco Central de cada país. En América Latina, las autoridades monetarias de Brasil, Colombia, Chile, Perú o Uruguay, por ejemplo, aplicaron una o más subas de la tasa de interés de política monetaria para controlar la inflación.

La Reserva Federal de Estados Unidos habla de la inflación en cada comunicación oficial y, por la importancia que tienen sus movimientos en todo el mundo, trata de avanzar con extrema precaución, al punto que cada palabra que incluyen en sus comunicados es evaluada con suma atención, tanto por la propia FED como por el propio mercado. En el caso de la FED, lo último que ha dicho es que considera que la inflación en EE.UU. es un “fenómeno transitorio “ que no amerita, por ahora, modificar las tasas de interés, aunque sí preparar un retiro del mercado de recompra de activos.

En la Argentina ocurre algo llamativo. Todo el mundo habla de la inflación: el Presidente Alberto Fernández, su vocera en jefe Gabriel Cerrutti, desde ya el secretario de comercio Roberto Feletti, los referentes de sindicatos y organizaciones sociales, los carniceros y verduleros que responden preguntas de los móviles de radio y TV, las empresas señaladas por el Gobierno como responsables de la inflación.

Todo el mundo. Con una excepción: el propio Banco Central de la República Argentina. Llamativamente, en un debate con todas las voces, la voz que debería escucharse no se escucha. Informalmente, algún director del BCRA hace algún comentario sobre base monetaria o circulación del dinero, pero nada de manera orgánica. Nada oficial, pero fuentes del BCRA consultadas por Clarín señalaron ayer: “En los últimos meses del año, más allá de cierta volatilidad asociada a los comportamientos estacionales, se espera que se retome la tendencia de descenso gradual en las tasas mensuales de inflación”. En el organismo monetario consideran que “La desaceleración se daría en un contexto de incrementos acotados de los servicios regulados y del tipo de cambio nominal. En el mismo sentido contribuirán los programas del Gobierno Nacional orientados a fijar valores de referencia para un conjunto de bienes. Por su parte, con las actualizaciones de las paritarias salariales y la paulatina mejora de la demanda, continuaría la recuperación de los precios relativos de los servicios privados. Como consecuencia de la base de comparación, la tasa de inflación interanual comenzaría a descender durante el último trimestre”.

La última declaración oficial del BCRA data del 26 de agosto, cuando se pensaba que la inflación se estaba desacelerando. Miguel Pesce dijo, según el comunicado del BCRA: “Hemos visto una recomposición de márgenes de empresas industriales que han aumentado sus precios en el último año en el orden del 80% o 90%. También hemos sufrido, como sufrió todo el mundo, la consecuencia de los efectos inflacionarios de la pos pandemia, y el aumento de precio de los alimentos y el petróleo. Esperemos que estos fenómenos se morigeren en el futuro, y que la inflación se modere en los próximos meses”.

La moderación no ocurrió, más bien todo lo contrario. Fue lo que llevó al secretario de comercio Roberto Feletti a implementar un congelamiento de precios.

Tampoco se sabe qué piensan en el ministerio de Economía. Cuando a mediados de septiembre se conoció la inflación de agosto (2,5%) el comunicado de prensa de la cartera que conduce Martín Guzmán expresó en tono celebratorio: “La inflación de agosto continúa la tendencia en baja que se viene registrando desde abril y rompe la barrera del 3% del mes anterior. Se registró en agosto 2,5%, siendo el menor registro desde agosto 2020. La inflación mensual lleva 5 meses consecutivos en baja.”

Este mes, cuando se conoció el salto del IPC al 3,5%, el comunicado dijo, escueto: “La inflación de septiembre fue de 3,5% mensual (vs. 2,5% en agosto), luego de cinco meses consecutivos de desaceleración”. Nada más.

Mientras tanto, el oficialismo, a través de distintas voces, se encarga en señalar que la culpa de la inflación es de los empresarios y en última instancia, no dejan de descargar también responsabilidades sobre la población en su conjunto, al pedirle que “colabore con los controles de precios para entre todos bajar la inflación”. Ni una palabra sobre el déficit fiscal o la política monetaria. Ni una palabra sobre la tasa de interés de referencia del Banco Central, clavada desde hace más de un año en el 38% pese a que las proyecciones de inflación marcan que el año 2021 cerrará con el 50% y la de 2022 apunta a un nivel similar.

A propósito del déficit fiscal, que se financia una parte con más deuda y otra con pesos entregados por el Banco Central, la visión del Gobierno, o dentro del Gobierno de la vicepresidente Cristina Kirchner, es que debería incurrirse en más déficit, y no menos. En este caso, las palabras inducen a pesar que la inflación no preocupa. Ni ocupa.

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