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Gallardo y el día que Napoleón fue vencido por el hincha que lleva adentro

Piensa como entrenador, pero siente como hincha. Y quizá hay que buscar la explicación de su continuidad en esa dicotomía hace ruido en el interior de su cuerpo. No debe ser fácil convivir con el estratega, aquel que casi todo lo ganó en Udaondo y Figueroa Alcorta, y ese ser humano cargado de emociones. Porque River está por encima de cualquier nombre, pero qué difícil resulta imaginar a ese escudo lejos del pecho del Muñeco.

¿Qué más se le puede pedir a Marcelo Gallardo después de estos ocho años de puro éxito? ¿Qué otros objetivos se puede plantear? Fueron 13 títulos, entre ellos, dos Libertadores, una inolvidable ante Boca en Madrid. Y hasta el último pagaré levantó el 29 de noviembre, cuando aplastó a Racing en el Monumental y logró un torneo de liga. El Mundial de Clubes, una competencia en la que los europeos sacaron una distancia inalcanzable en el aspecto económico, es demasiado pretencioso. Por más que a orillas del Riachuelo recuerden la gesta intercontinental de Carlos Bianchi. Otro tiempo, otro contexto, otro país.

Gallardo pudo irse con Benjamín, su hijo más pequeño, “en paz”. Pero Marcelo decide. La reflexión de una semana, la del técnico, sucumbe ante la expresión genuina del contorno: los fieles de la tribuna, que no logran conciliar el sueño y celebran a medias porque no tienen la certeza de que su Napoleón seguirá al frente de la batalla; los jugadores, esos que condujo al éxito con docencia y decencia, los que le piden en una fiesta que deja de ser íntima en Instagram que no se vaya; su cuerpo técnico, el que lo acompaña desde el primer momento, aquel 27 de julio de 2014 en Salta ante Ferro.

Entonces, el hincha que lleva adentro le gana al técnico, al estratega. Lo deja claro en un puñado de frases de una conferencia de prensa en la que recién sonríe y parece soltarse cerca del final: “Me parecía lógico y muy sentido que mañana el festejo sea del hincha, como lo merece. Sin que estén esperando algún anuncio. Lo sentí así y quería sacarme las cosas que tenía. No quería esperar 24 horas. Quiero que la gente que vaya a festejar lo haga en paz, con toda la emoción y que se desenvuelvan de la manera más feliz”.

Gallardo no se baja porque Marcelo puede más. Porque no necesita ponerse en el lugar del hincha, lo expresa naturalmente. El lazo emocional es indestructible. El resto dependerá del entrenador, claro. Reinventarse, seguir por el camino del éxito, alimentar esos sueños de banda roja. Los mismos que motorizan al hombre que fluye por encima de la piel del técnico. El que elije “seguir estando”. Porque cree en sí mismo. Porque la pasión es más fuerte.

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