un-indicador-que-no-permite-mentir:-por-que-los-argentinos-vivimos-peorEconomía 

Un indicador que no permite mentir: por qué los argentinos vivimos peor

La medida preferida de la riqueza de las naciones es el ingreso por habitante o PBI por habitante. No es más que la producción bruta interna de un país dividida la cantidad de su población. Si el stock de riqueza material permanece estancada y el número de habitantes crece, el ratio cae.

¿Por qué deberíamos enfocarnos en esta medición para medir la evolución del bienestar y no en otras más modernas como los índices que miden el bienestar, el consumo o incluso la felicidad de las personas, formas que tienen los economistas para mensurar qué le pasa a las personas y las economías?

La respuesta a favor de usar el ingreso por habitante es que el bienestar físico y material de millones de millones de humanos, depende directamente del PBI por habitante del país en el que viven. Eso está demostrado por Premios Nobel de Economía como Daniel Kahneman y Angus Deaton. Existe lo que se llama correlación positiva entre el ingreso por habitante y la satisfacción personal.

Incluso más atrás en la historia, por ejemplo en la explosión industrial que tuvo lugar en el siglo XIX y que llevaría a mejoras en las condiciones de vida de las personas, aquello se condijo con un despegue del ingreso por habitante sin precedentes luego de un período largo (siglos) de estancamiento económico. En la Argentina imperaba una economía colonial que pronto mostraría condiciones para que el capital global se estacionara en sus ciudades y campos, captando rentas, reproduciéndose y así expandiendo la frontera de producción. Capitalismo, crecimiento y población.

El aumento del ingreso por habitante, por lo tanto, es lo que facilita que vastas proporciones de la población mejoren su estándar de vida. De lo contrario sólo los más privilegiados podrían acceder a ellos.

Este proceso ocurre en todos los países desarrollados. El progreso social no es una consecuencia de sancionar u otorgar más derechos en los Parlamentos sino el avance material y económico sostenido en el tiempo de un país. Las democracias sirvieron las demandas no satisfechas.

En todo caso fue el crecimiento inadecuado, o insuficiente, que cientos de millones de personas atraviesen dificultades severas y vivan en condiciones precarias en los países más pobres. Aun cuando se sancionen derechos y se persigan leyes, la falta de riqueza por habitante allí vuelve más difícil el cumplimiento de promesas electorales. Si la población crece más rápido que la producción material, el ingreso por habitante declinará y las tensiones sociales aumentarán.

Es importante comprender qué es lo que promueve el crecimiento del ingreso por habitante y por qué no ocurrió en Argentina entre 2010 y 2021. Servirá para comprender por qué algunos países han prosperado mientras otros languidecieron.

¿Es acaso la solución distribuir la riqueza entre los que más tienen y los que menos, para así mejorar el ingreso por habitante? En definitiva la medida se trata de un promedio, es decir, de que tanto usted como Paolo Rocca o una persona que viva en la bajada del Triángulo Bernal, tienen el mismo ingreso. ¿Por qué no distribuir la riqueza y ya está?

Si eso se hiciera se corre el riesgo de mejorar la distribución de la riqueza, pero no la falta de crecimiento. Y que al otro día vuelva a tener el mismo problema.

Es la acumulación de capital lo que explica el aumento de la producción y del PBI. ¿Y qué es lo que causa que suba el stock de capital? Otro Nobel en Economía, Robert Solow, respondió que es el ahorro de las personas.

¿Y cómo pudo haberse comportado el ahorro de los argentinos en una década en la que la inflación arrancó en 20% y diez años después marcha rumbo al 70%?

La economía argentina no crece entonces por la falta de acumulación de capital más allá del progreso técnico (que en todo caso el país sí ha sabido aprovechar).

Algunos dirán que todo esto es por culpa de lo fiscal. Otros, de lo monetario y otros, de la restricción externa. Pero lo que la Argentina necesita es aprovechar las nuevas innovaciones que emerjan y abandonar aquellas tecnologías que queden obsoletas. Habrá nuevas empresas que nazcan y compitan con otras existentes y nuevos empleos y actividades que reemplazaran a los actuales. La destrucción creativa es la fuerza que empuja el capitalismo, asegurando su reproducción permanente y perpetua.

Pero la Argentina lo único que supo asegurar por ahora es el aumento de la inflación que conspira contra la acumulación del capital y su ingreso por habitante.

Lord Keynes atribuyó a Lenin la siguiente frase: “El mejor medio para destruir el sistema capitalista es corromper la moneda”. Más allá si lo dijo o no Lenin, la frase se aplica en Argentina y explica por qué en los últimos diez años la torta que se reparte entre sus habitantes es cada vez más chica.

TEMAS QUE APARECEN EN ESTA NOTA

Noticias Relacionadas