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Tres fallos clave de la Corte, clima de guerra en el Congreso y Sergio Massa vs. Cristina Kirchner


La Corte promete Consejo antes de fin de año

Va a haber Consejo de la Magistratura antes de fin de año. Es la decisión de la cúpula del tribunal. El dictamen contradice de manera frontal el proyecto del oficialismo, que es que no haya Consejo, aunque le cueste perder lo que le quedaba de control en la Cámara de Diputados. La descalificación de la Corte es uno de los proyectos más firmes del oficialismo desde que gobernaba Cristina de Kirchner. La vicepresidenta ha perdido esa pelea en todos los rounds.

En este turno, el tribunal tiene varias herramientas para imponer su criterio. Tiene en sus manos el pedido de per saltum que presentó el senador Luis Juez, para que admitan el amparo para su designación, la que hizo el bloque de Juntos por el Cambio del Senado. También va en camino a la Corte el recurso que presentó el jefe de bloque de Diputados Mario Negri para respaldar la designación de los representantes de la oposición.

Uno de ellos, Álvaro González, también presentará este lunes un pedido de amparo para que le respeten el cargo para el que fue designado por el PRO. “Sólo falta que pongan el día y la hora para que pueda jurar”, argumenta. Con tamaño empapelamiento, la Corte tiene varios caminos para imponer su criterio ante el ardid del Senado de multiplicar los bloques para duplicar la representación: las mayorías y las minorías de las cámaras surgen del voto popular, y la representación no puede depender de un torneo de habilidades. Este criterio vale para cualquier formato del Consejo.

No te cases ni te embarques

No queda mucho tiempo para el fin del año. A la Corte le quedan tres fechas para tomar la decisión. Este martes 6, el 13 (poco aconsejable aun para tan altas dignidades) y el 20. Este martes viene envenenado por la amenaza de un sector del oficialismo de paralizar el país si un tribunal condena a Cristina de Kirchner (y a otros) por vialidades flojas de papeles. Puede ser un buen día para tirarle un misil al oficialismo en el tema del Consejo. Es una cuestión de medir efectos en el público.

Es poco creíble que un Luis de D’Elia pueda parar el país, o que ATE pueda paralizar la administración -según algunos ya lo ha hecho, pero pocos se dan cuenta-. Un peronismo que no puede ganar una elección, y que en el último turno perdió más de 4 millones de votos, no está en las mejores condiciones de hacer una pueblada.

La amenaza cuenta con la ayuda de la bocina de la oposición cristino-dependiente, que obra según el criterio de que “Cristina garpa”, porque siempre es fácil ganarle. Para eso hay que agrandarla y empujarla al centro del ring. Estas bocinas actúan, además, sobre el público del área metropolitana, que rechaza en su mayoría al peronismo y a la figura de la vicepresidenta.

Puede ser que ella trabaje para otro público -el del 30% que tiene su fuerza en todo el país, entre las provincias y el conurbano – pero el interés en ese padrón por los entresijos judiciales de la jefa es bastante bajo. Quedó demostrado en la caída de votos en las últimas elecciones, que reveló la indiferencia del público del peronismo ante las estrategias de victimización.

La sombra sobre el Gobierno

De los tres acuerdos que le quedan, la Corte promete dictaminar en otros dos expedientes de interés político, y en los dos la mayoría que domina el tribunal -Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz, Juan Carlos Maqueda- ha llegado a construir un voto que no le gustará al Gobierno. Uno es la confirmación de una condena a la activista jujeña Milagro Sala. El otro es el amparo que presentó la administración de Horacio Rodríguez Larreta contra el recorte de fondos federales para la ciudad de Buenos Aires.

La Corte resolverá este amparo en favor de la CABA para sostener su jurisprudencia del “federalismo de consenso”. Esas cuestiones tienen que negociarse y no se puede actuar de arrebato. En las audiencias con la Nación y la CABA, la Corte se cansó de decirles a las dos partes: pónganse de acuerdo, porque si no vamos a actuar nosotros. Actuar es darle la razón a Larreta en el amparo, aunque quede para el futuro el tratamiento del fondo de la cuestión. Hasta entonces, la Nación teme que la obliguen a suspender la quita de fondos.

La CABA prepara una demanda para que le devuelvan lo que le han sacado hasta ahora. Larreta ha dicho que bajará los impuestos de los vecinos del distrito si le reconocen su derecho. El Gobierno, a través de Wado de Pedro, ya llora el fallo en contra, que se conocerá entre este martes y el 20. El 13 parece bloqueado por la mufa.

Cristina, contra el interés de Olivos

La semana ultracorta y la distracción mundialista ponen en modo pausa a la colectividad política. Necesario, porque el clima que dejó el estallido de Diputados ha conmovido la relaciones entre oficialismo y oposición como nunca, en un país en donde siempre la chicana de superficie y la pelea de escenario ha trascurrido sobre la base de un sistema de códigos, entendimientos y acuerdos que sostienen todos los tinglados.

Hoy no hay manera de que el Gobierno encuentre algún argumento para llamar a la oposición a conversar nada, aun si se imaginase una crisis de esas que auguran los cantamañanas, que viven de profetizar desgracias y derrumbes que nunca ocurren. Tampoco hay señales de que los habituales tuneleros del oficialismo y la oposición hayan tenido alguna comunicación.

Este clima no se limita a la vida legislativa. Compromete al Ejecutivo, que ha perdido la posibilidad de que el Congreso le apruebe en el corto plazo el proyecto de ley antilavado, que piden el GAFI (Grupo de Acción Financiera Internacional) y el FMI. El miércoles pasado, a pocos minutos del estallido en la Cámara, oficialismo y oposición no pudieron llegar a un acuerdo que admita el pedido de Juntos por el Cambio de asegurar la independencia de la UIF (Unidad de Información Financiera) frente al gobierno de turno.

El clima que permitió ese acuerdo es la contracara de la imprudencia con el que el oficialismo quemó todos los acuerdos para paralizar el Consejo de la Magistratura, ignorando la voluntad de los bloques legislativos sobre quién los representará. Es otra consecuencia de la balcanización del oficialismo, que no tiene una mesa que analice las ventajas de ese acuerdo: Massa lo necesita para el blanqueo de capitales que quiere cerrar con Estados Unidos y debe cuidar las relaciones para que avance.

Este interés no es personal de Massa. Es un interés del Gobierno, que esta crisis ha venido a arruinar quién sabe hasta cuándo, y en cuya defensa -y la de su socio- no han acudido ni Alberto ni Cristina.

Al oficialismo se le corren los aliados

Para los observadores cristino-dependientes, es un triunfo de Cristina de Kirchner para trasladar a Diputados el clima de guerra que impuso en el Senado. Según esta explicación, Cristina no podía permitir que prosperase la diferencia entre ella, que impugnaba la nueva legalidad del Consejo de la Magistratura, y un Massa y una Cecilia Moreau que admitían esa legalidad, consintiendo las decisiones de los bloques opositores.

Sergio Massa es la contracara amigable y vivaracha de la dureza de la vicepresidenta. Este round lo ha achicado a Massa justo cuando necesita más fuerza que nunca, para encontrarle un rumbo airoso a una economía boyante e incierta. El ministro ha perdido las herramientas que le dan la capacidad de ser el eslabón más fuerte de la trifecta presidencial. Ha recibido un baño de debilidad que lo equipara a Alberto y Cristina, dos tótems de un peronismo paralizado y sin capacidad de generar confianza a futuro.

A un año de las elecciones, esto impacta en las posibilidades de mantener el poder por otro mandato. El silencio de los gobernadores sobre el proceso electoral prueba esa falta de certidumbre. Los mandatarios del peronismo buscan una receta de supervivencia sobre sus propios pies, usando las herramientas con que cuentan, que son una economía sana en sus distritos y el control político sobre su territorios. Algo que el peronismo del AMBA no tiene.

El oficialismo de Diputados perdió las dos sesiones del jueves, entre otras cosas, porque dejó de contar con el apoyo de sus aliados, muchos de ellos comprometidos con gobernadores que le sacaron el banquito.

Larreta, a examen ante el imperio

Para la oposición, sólo si Cecilia Moreau repone las designaciones de los representantes de la Cámara de Diputados, pueden volver a sentarse para reabrir las sesiones antes de fin de año. El clima electoral tiñe todo, y cualquier gesto de razón puede ser leído como un arrugue de barrera, algo inadmisible en tiempos electorales.

La oposición dedica su tiempo a ajustar las relaciones internas. Rodríguez Larreta se alista para salir este miércoles hacia Washington, en una primera gira global como candidato. Le dirán que ya pasó antes Massa, a quien le dieron un aprobado que Horacio deberá superar. Lo esperan funcionarios del Departamento de Estado -entre ellos el subsecretario de Asuntos Hemisféricos Brian Nichols, experto en drogas y tercerismo; fue embajador en Perú y Zimbabue-, un coloquio con el Wilson Center, el Inter-American Dialog y el Atlantic Council. Cierra con una charla en la universidad de Georgetown, acompañado por su “sherpa” Fernando Straface.

Prepara para la semana que viene una cumbre nacional de dirigentes del larretismo. Discuten el formato y la cantidad de convocados. Algunos hablaron de 3.000 dirigentes de todo el país. Parece mucho y compromete la habilitación de un espacio demasiado grande. En el juego chico, Larreta buscó un concilio privado con economistas que quedaron afuera de la lista que alguno de sus voceros volcó en la prensa la semana anterior.

Parlamentó, entre otros, con Carlos Melconian, que hace esfuerzos para preparar un plan económico que le sirva a cualquier gobierno y que, además, pueda mostrar por encima de las inquinas partidarias, que son fuertes en Juntos por el Cambio. Los resguarda el paraguas racinguista.

Morales vs. Manes: la UCR en estado de asamblea

No cuesta mucho poner a los radicales en estado deliberativo. También Gerardo Morales convoca a una cumbre entre el 20 y 21 de diciembre, mesa ampliada del Comité Nacional y caciques provinciales. Discutirán la propuesta que le hizo en Jujuy a Facundo Manes de ir a una interna clásica para elegir candidato a presidente de la UCR, y llevarlo a la disputa PASO con el PRO, la Coalición y el Peronismo Republicano.

Ocurrió en una cena de dirigentes de Formosa, Morales se dice convencido de la idea, y asegura haber escuchado el “Sí” de Manes. El jujeño parece correr por el andarivel de las buenas relaciones con Larreta, y si lo lleva a Manes a una interna, lo compromete al neurólogo en ese esquema. Es previsible que el compromiso tiene que abarcar a todos los jefes del radicalismo. Lousteau fue consultado ya por Morales; el senador parece comprometido en el esquema de Larreta, tiene un acuerdo con Morales, pero también deberá opinar sobre esa idea.

Gerardo vs. Manes es un cruce de líneas transversales, clásico de la política criolla. Es la UCR del interior vs. la UCR del AMBA, desde que Manes está respaldado por los votos que sacó en la interna de la UCR del año pasado, más los que logró en la elección a diputado nacional. Esa UCR obtuvo casi el 40% de los votos de la coalición.

También es una confrontación del aparato contra la calle. Morales es presidente de la UCR merced a un acuerdo con todas las tribus del partido, y su orgánica incluye gobernaciones, legisladores de todos los niveles e intendencias. Manes, frente al aparato, tiene prestigio como médico y popularidad en los medios. No tiene el desgaste de la gestión que tiene Morales, y su aporte son risas y canciones, opiniones y promesas.

El aparato es clave en cualquier proceso político, pero el mundo bipolar paga al candidato de la calle. En las PASO de 2015 para jefe de Gobierno en la Ciudad, Larreta -el aparato- venció a Gabriela Michetti -la calle-28,41% a 18,93%. Para lograr es diferencia, medió el apoyo de Mauricio Macri a Horacio. Es imaginable que, sin ese apoyo, la diferencia hubiera sido menor. A discutir se ha llamado.

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