Todo comenzó con una urgencia y una camioneta roja. Carolina y Leandro, entonces amigos, estaban listos para una fiesta un sábado por la noche cuando el flete que debía entregar un mueble falló. Sin dudarlo, realizaron la entrega personalmente, manchando sus ropas de etiqueta pero sentando las bases de un compromiso inquebrantable con el cliente. Ese gesto fue la semilla de una sociedad que, con los años, se transformaría en matrimonio y en el exitoso estudio de interiorismo Línea Neta.
De San Telmo al mundo
El emprendimiento nació en 2005 en el garage de una casa familiar en el histórico barrio de San Telmo. Con visión pionera, fueron de los primeros en Argentina en vender muebles a través de Mercado Libre. El salto a la profesionalización llegó con un encargo inesperado: el rediseño de las suites del Hotel Pestana Buenos Aires, un desafío que los obligó a crecer rápidamente. Hoy, su estudio y local ocupan una esquina patrimonial en el mismo barrio, un espacio que Carolina valora por su conexión emocional con la historia del lugar.
La náutica como inspiración
La vida personal de la pareja está profundamente ligada al Delta del Tigre y a la navegación, una pasión que Leandro heredó de su padre. Esta afición no solo es su escape de la rutina, sino que se convirtió en un pilar de su propuesta profesional. La experiencia en su propio barco los llevó a especializarse en un nicho poco común: el interiorismo de movilidad.
Diseño para espacios en movimiento
Han aplicado los aprendizajes de la vida a bordo a proyectos terrestres, diseñando desde motorhomes para figuras del automovilismo hasta oficinas móviles para una terminal marítima. Esta especialización requiere una ingeniería particular: muebles con bordes contenedores, mecanismos ocultos que solo se activan cuando el vehículo está detenido, y el uso de textiles técnicos hidrorrepelentes y aislantes.
Un estilo definido: el mediterráneo moderno
En su taller, Línea Neta cultiva un estilo que denominan «mediterráneo moderno», basado en maderas macizas como el paraíso, el petiribí y el incienso. Un elemento distintivo es el uso de la esterilla natural de ratán, especialmente en su tejido americano. Para Carolina, la belleza reside en las imperfecciones y las texturas naturales: el nudo de la madera o la marca única en el cuero.
Su paleta de colores es un homenaje a la tierra, dominada por arenas y tonos claros, con apenas toques de negro o chocolate para dar estructura, evitando siempre los colores oscuros dominantes. Este estilo se plasmó recientemente en un departamento modelo, donde recrearon la experiencia de un camarote, reflejando fielmente cómo duermen ellos mismos cada fin de semana en su embarcación.
Después de dos décadas de trabajo conjunto, Carolina y Leandro siguen siendo la misma dupla que discute apasionadamente un plano en el taller para luego almorzar en paz. Ella, con ideas rompedoras, y él, con una capacidad de ejecución meticulosa, continúan construyendo mundos, ahora desde una esquina emblemática de San Telmo.
