El presidente de Boca, Juan Román Riquelme, optó por el silencio y evitó bajar al vestuario tras la eliminación, en medio del creciente malestar de los hinchas en La Bombonera.
La eliminación de Boca volvió a sacudir al mundo xeneize y todas las miradas apuntaron otra vez a Juan Román Riquelme. El presidente siguió el partido desde su palco en La Bombonera y mostró gestos de preocupación durante gran parte de la noche. Sin embargo, a diferencia de otras derrotas importantes, esta vez evitó bajar al vestuario inmediatamente después del encuentro y optó por mantenerse en silencio mientras el malestar crecía en las tribunas.
El clima en el estadio fue uno de los puntos más calientes de la jornada. Tras el final del partido comenzaron los silbidos y los clásicos cantos contra la dirigencia, una situación que ya se había repetido en otros partidos recientes. Las cámaras enfocaron varias veces a Riquelme, que permaneció serio y tomando mate mientras se escuchaban los insultos desde distintos sectores de la cancha. Minutos después, incluso decidió cerrar las cortinas del palco para evitar continuar expuesto ante las cámaras.
La diferencia con otras eliminaciones estuvo marcada por la ausencia de mensajes públicos o reuniones inmediatas con el plantel. En derrotas anteriores, Román había acompañado al grupo o brindado declaraciones intentando bajar la tensión. Esta vez eligió el hermetismo absoluto en medio de un contexto deportivo complejo, con Boca acumulando varias frustraciones consecutivas y sin títulos importantes en las últimas temporadas.
Mientras tanto, el descontento de los hinchas sigue creciendo y en redes sociales volvieron a multiplicarse las críticas a la conducción futbolística del club. La eliminación profundizó un momento delicado para Boca y dejó otra señal de desgaste entre la dirigencia y gran parte de los socios e hinchas, que empiezan a perder la paciencia ante la falta de resultados.
