Algo opacada por el intercambio de chicanas e insultos con la bancada «kuka», pasaron poco las menciones que Javier Milei hizo respecto del plan de reforma tributaria. Pero el presidente, tal vez para decepción de sus seguidores más liberales, dejó en claro que resultará difícil hacer más recortes impositivos sin poner en riesgo la estabilidad fiscal, que es la prioridad absoluta.
Por eso, recalcó que, tras haber implementado un recorte equivalente a 2,5% del PBI, ahora el mayor esfuerzo debe correr por parte de los gobiernos provinciales y los municipios, para no seguir castigando a la caja de ARCA.
Y los datos de la recaudación tributaria de febrero muestran con números esa limitación que insinuó el presidente: es el séptimo mes consecutivo en el que se produce una caída interanual real en el ingreso de recursos tributarios. Y con el agravante de que, como se encargó de resaltar Milei, la economía está creciendo, lejos de los diagnósticos de «estanflación».
El argumento oficial se hace difícil de sostener cuando se observa que el IVA, el impuesto que por excelencia refleja las variaciones de actividad en el comercio y la industria, volvió a marcar una caída de 3% en términos reales.
Esto es lo que hace que los impuestos más criticados por ser distorsivos, como el de débitos y créditos -mejor conocido como «impuesto al cheque»- y las retenciones a la exportación sigan en la lista de pendientes, y con escasas probabilidades de un cambio sustancial.
Los números volvieron a ser claros: si se eliminase el impuesto al cheque de un plumazo, se perdería un 7,5% de los ingresos fiscales. Y en cuanto a las retenciones, ya el año pasado tuvieron una rebaja que explica buena parte de la caída recaudatoria general: representaron un 4,9% en el total recaudado, cuando se esperaba que su importancia relativa creciera por la eliminación del impuesto PAIS -que, en su mejor momento, explicó el 8% del ingreso-.
Sin margen para bajar retenciones
Lo cierto es que, en este momento, y pese a una excelente cosecha del trigo -el principal cultivo del verano-, las retenciones apenas aportaron un 2,5% de la recaudación total, algo que los analistas atribuyen a una tendencia, por parte de los productores, a retener stock, con la expectativa de un tipo de cambio más favorable o de un alivio tributario. Pero los propios funcionarios del equipo económico, ante las quejas de los productores agropecuarios, argumentaron que prefieren mantener un esquema de recortes escalonados antes que repetir la experiencia de la gestión macrista, en la que hubo eliminaciones de retenciones que, luego, ante la emergencia, hubo que reponer.
Lo recaudado en 2025 por derechos de exportación significó, en términos de dólares, unos u$s5.000 millones, sobre un total exportado de u$s87.000 millones. Este año, ya corre un recorte de dos puntos anunciado por el gobierno, que deja en 24% la retención a la soja, el principal producto de exportación.
¿Cuánto se recaudará este año con lo impuestos a la exportación? Si se toma en cuenta la proyección de los principales economistas en la encuesta REM del Banco Central, entonces no habría que esperar grandes cambios. Se espera que las exportaciones lleguen a u$s92.000 millones, lo que implica una suba de 5%, que en arte se neutralizará por la disminución en las alícuotas de la retención.
Si, en cambio, se consideran las proyecciones más optimistas que hace el gobierno, como la estimación de Milei, sobre ventas por u$s100.000 millones -que se ha visto reforzada en los últimos días por la suba en la cotización petrolera-, entonces la caja de ARCA tendría un refuerzo mayor al 10% por el rubro de retenciones.
ARCA beneficiada por aranceles
El dato que, a primera vista, puede parecer paradójico, es que en este momento es mayor el aporte de los aranceles de importación que de las retenciones a la exportación. En 2024, el primer año de la gestión de Milei, lo que las arcas fiscales recibieron por importaciones fue la mitad que por exportaciones. Pero ya el año pasado, la relación se emparejó, y las retenciones sólo superaron en 7% a los aranceles.
Y, en este arranque de año, el primer bimestre ya muestra cómo la relación invirtió su situación histórica: ahora el fisco recibe un 17% más por los productos importados que por los exportados.
En un gobierno que se jacta de su vocación por la apertura comercial, y de haber recortado aranceles -según el recuento que hizo Milei- a ropa, telas, electrodomésticos, neumáticos, motos, insumos industriales, fertilizantes, herbicidas y productos electrónicos, esto puede parecer extraño. Después de todo, lo que el gobierno está diciendo es que está dispuesto a resignar recursos fiscales con tal de que los consumidores se beneficien de precios más bajos.
Pero claro, hay otro efecto que supera con creces el recorte arancelario: un boom en el volumen importado. Y, particularmente, en las compras de bienes de consumo final y automóviles -que ahora representan la cuarta parte del total de importaciones, mientras hace dos años apenas superaban el 10%-.
Importaciones en alza: ¿es para festejar?
Durante el año pasado, el promedio mensual de importaciones fue de u$s6.315 millones. Pero con grandes variaciones durante el año: antes de la elección legislativa de octubre, se superó el nivel de u$s7.190 millones, porque ante el temor a una devaluación post electoral los comerciantes se apresuraron a acumular stock. Y, como contrapartida de esa situación, en los meses siguientes hubo una caída para compensar las compras previas: es así que en enero apenas se registraron importaciones por u$s5.070 millones.
Pero nadie cree que ese nivel pueda sostenerse, y mucho menos si la economía crece por encima del 4% anual -lo cual, según la regla clásica, implicaría que las compras de bienes de capital e insumos debiera crecer en torno al 12%-.
De hecho, en la encuesta REM se espera que las importaciones del año crezcan un 6,5% hasta alcanzar los u$s81.000 millones. Esto implicaría que en el resto del año haya un promedio mensual de compras por u$s6.900 millones, un nivel muy superior al que se viene registrando.
¿Qué implica esto? Desde el punto de vista de la recaudación tributaria, la caja de ARCA se podría beneficiar, de forma tal que los aranceles compensen por una eventual caída en los ingresos por retenciones a la exportación.
En cambio, desde el punto de vista cambiario, implicará todo un desafío, porque supone que el Banco Central tendrá mayores dificultades para acumular reservas por la vía de la compra de dólares en el mercado.
De hecho, las últimas cifras del balance cambiario mostraron cómo tras una breve «tregua» volvió a subir con fuerza la demanda de dólares por parte del público, tanto para atesoramiento como para pagos de servicios y turismo externo.
Así, la cuenta corriente arrojó en enero un saldo negativo por u$s919 millones. Lo peor es que esto ocurrió en un momento en el que Toto Caputo celebra los récords de exportación, con un saldo de balanza comercial que dejó un superávit de u$s1.987 millones.
De momento, el rojo de la cuenta corriente acumulado de los últimos 12 meses arroja u$s1.850 millones. Salvo por el momento de la exportación de la cosecha gruesa -junio y julio- y por el «tax holiday» para la soja en septiembre, todos los meses registraron déficits.
