Según los últimos datos oficiales de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), la población económicamente activa (PEA) pasó de 14.21 millones a 14.55 millones de personas entre el tercer trimestre de 2023 y el mismo período de 2025. Este incremento fue destacado recientemente por el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, a través de sus canales oficiales, como un indicador de mejora en las condiciones laborales que incentiva la participación.
La interpretación detrás del dato
La tasa de actividad mide el porcentaje de personas en edad de trabajar que tienen un empleo o lo están buscando activamente. Mientras el Gobierno nacional interpreta su aumento como una señal de un mercado laboral más atractivo, especialistas y centros de estudio plantean matices sobre qué sectores de la población están impulsando esta variación y cuáles son sus motivaciones.
Un crecimiento desigual por edades
Un examen de los microdatos de la EPH, realizado por el Instituto Argentina Grande, arroja una distribución dispar del fenómeno. El análisis indica que la tasa de actividad entre las personas mayores de 65 años experimentó un crecimiento del 11% en el período analizado. En contraste, la participación de los grupos etarios más jóvenes mostró una tendencia a la baja.
El debate sobre las causas
Esta divergencia genera interrogantes sobre las causas estructurales del aumento general. Para algunos analistas, el significativo incremento en la actividad de los jubilados y pensionados podría estar vinculado a la necesidad de complementar ingresos en un contexto económico complejo. Esta perspectiva contrasta con la visión oficial que lo presenta principalmente como una elección laboral positiva.
El fenómeno del pluriempleo y el aumento de las horas trabajadas, que también contribuyen a elevar la tasa de actividad, son puestos bajo la lupa. La discusión se centra en si representan una mejora en las oportunidades o una estrategia de subsistencia para alcanzar a cubrir los gastos mensuales.
Implicancias para el mercado laboral
La composición del crecimiento de la PEA plantea un escenario particular. Si la dinámica laboral fuera uniformemente favorable, se esperaría un aumento más equilibrado en todos los segmentos. La concentración del incremento en adultos mayores, mientras la participación joven se contrae, sugiere que los factores que motivan a un grupo y al otro pueden ser radicalmente diferentes.
Este panorama invita a una lectura multidimensional de los indicadores laborales, donde el dato bruto requiere un análisis contextual. La evolución de la tasa de actividad, por sí sola, no define la calidad del empleo ni el bienestar de los trabajadores, sino que abre la puerta a un debate necesario sobre las características y las motivaciones detrás de la oferta laboral en Argentina.
