El ‘monogamish’ se presenta como una opción intermedia entre la monogamia tradicional y las relaciones abiertas, basada en acuerdos personalizados y flexibilidad consensuada.
En los últimos años, las formas de vincularse en pareja han experimentado cambios significativos. Entre los modelos que adquieren mayor visibilidad se encuentra el denominado «monogamish», una tendencia que se posiciona como un punto intermedio entre la monogamia tradicional y las relaciones abiertas. Impulsado por transformaciones culturales, tecnológicas y sociales, este tipo de vínculo refleja una evolución en la manera de construir acuerdos de pareja.
El término «monogamish» describe a parejas que mantienen una relación principal, afectiva y estable, pero que, bajo acuerdos explícitos, permiten ciertas experiencias por fuera del vínculo en contextos específicos. A diferencia de una relación abierta, donde la libertad suele ser más amplia, en este modelo existen límites claramente establecidos. La exclusividad no desaparece, sino que se redefine: la pareja sigue siendo el eje central, pero se habilitan excepciones consensuadas.
Diversos estudios internacionales, como los publicados por la Universidad de Surrey en la revista Annals of Tourism Research, vinculan el crecimiento del «monogamish» con fenómenos como el aumento de los viajes, la digitalización de las relaciones y el acceso a plataformas de conexión. En ese contexto, el concepto de «desinhibición situacional» aparece como una clave: al salir de la rutina, muchas personas se sienten más abiertas a explorar otras dinámicas sin que eso implique romper su vínculo principal.
Uno de los escenarios donde más se visibiliza este modelo es durante los viajes. Lejos del entorno cotidiano, con mayor anonimato y nuevas experiencias, muchas parejas renegocian sus acuerdos. Esto no implica necesariamente una crisis del vínculo, sino, en muchos casos, una adaptación consciente.
La tecnología juega un rol central en este proceso. Aplicaciones y plataformas de conexión no solo facilitan concretar encuentros, sino también planificar y conocer contextos de destinos específicos. Estas herramientas acompañan y, en cierta medida, impulsan nuevas formas de vincularse.
El crecimiento del «monogamish» se inscribe en un cambio social más amplio: el cuestionamiento de los modelos tradicionales de pareja. Cada vez más personas priorizan la comunicación, el consentimiento y la construcción de acuerdos propios por sobre normas rígidas. En ese marco, aparecen nuevas formas de definir la fidelidad, el compromiso y la intimidad.
