A diferencia de lo que podría pensarse, los astronautas que participan en misiones históricas como Artemis II perciben salarios regulados por el gobierno de EE.UU., sin bonos adicionales por riesgo o por viajar al espacio.
La exploración espacial suele asociarse con prestigio y tecnología de punta. Sin embargo, detrás de misiones históricas como Artemis II, hay una realidad económica menos espectacular: los astronautas no cobran cifras millonarias, sino sueldos regulados como empleados públicos de la NASA.
A diferencia de figuras del deporte o ejecutivos de grandes empresas, quienes forman parte de la agencia espacial estadounidense perciben salarios definidos por una escala estatal llamada General Schedule (GS). Esto implica que, pese a los riesgos extremos y las condiciones exigentes del espacio, sus ingresos se equiparan a los de científicos o funcionarios de alto rango en la Tierra.
Los astronautas civiles se ubican principalmente entre los niveles GS-13 y GS-15 de esta escala. Un dato que suele llamar la atención es que no existen bonos por riesgo ni pagos adicionales por viajar al espacio. Incluso durante las misiones, los astronautas reciben apenas un viático simbólico de alrededor de 5 dólares diarios por gastos incidentales.
No todos los astronautas cobran igual. Aquellos provenientes de las fuerzas armadas mantienen sus salarios militares, que incluyen beneficios como vivienda o seguros. En tanto, quienes integran agencias internacionales, como la Agencia Espacial Canadiense, pueden tener escalas salariales levemente superiores, con ingresos que también dependen de la experiencia y el rango.
Si bien los sueldos son altos en comparación con el promedio laboral, resultan modestos frente a los presupuestos multimillonarios de la industria espacial o los ingresos de sectores tecnológicos. En definitiva, quienes llegan al espacio no lo hacen por una recompensa económica extraordinaria, sino por el desafío científico, el prestigio y la posibilidad de ser parte de la historia.
