En un clima político que ya anticipa la campaña de 2027, gobernadores e intendentes se reúnen en San Juan para debatir minería, mientras el oficialismo busca apoyo para derogar las PASO.
El clima político de Argentina ya no disimula: el matiz de campaña 2027 es una realidad anticipada y voraz. En este escenario, los números para el oficialismo empiezan a mostrar fisuras y los intendentes del PRO se empezaron a poner nerviosos. En su primera reunión oficial con Diego Santilli, el mensaje fue un estruendo inequívoco: la bronca con los legisladores libertarios no es una sensación térmica, es una escalada real de desprecio territorial. Los jefes comunales amarillos se cansaron de la cortesía y empezaron a marcar la cancha, diferenciando los tantos frente a una convivencia con las huestes de Milei que se vuelve, día a día, más insostenible.
Mientras tanto, el gobernador cordobés Martín Llaryora (PJ) aterrizó en San Juan con un pragmatismo casi quirúrgico: posicionar a su provincia como la proveedora estrella de servicios y tecnología para los grandes proyectos del país. Su ausencia en Córdoba no es casualidad; huele a estrategia de manual. Ocurre justo cuando Axel Kicillof desembarca en «la Docta» con el manual del buen opositor, agenda sindical y un libro bajo el brazo. Por ahora, Llaryora no piensa regalarle ni un píxel de su imagen al bonaerense ni rifar su capital en aventuras nacionales hasta no blindar su propio feudo, un suelo históricamente alérgico a cualquier cepa de kirchnerismo. El cordobés sabe lo que arriesga: el 9% del padrón electoral nacional no se regala por una foto de ocasión.
En San Juan, convertida en la capital del poder real por el Día de la Minería Argentina, se lanza la Mesa Federal Minera. El anfitrión Marcelo Orrego recibe a los mandatarios que hoy tienen la llave de los dólares: Gustavo Sáenz, Alfredo Cornejo, Raúl Jalil y Carlos Sadir. El gobernador de Jujuy llega con un perfil que pisa fuerte y consolidado; no solo preside la Mesa del Litio, sino que se ha convertido en el articulador indispensable de la Mesa del Cobre y el gran motor del Norte Grande. Es una agenda que incomoda a la política de café y escritorio, porque se sostiene sobre el desarrollo regional y datos duros que no admiten relato.
Pero el dato que realmente agita los pasillos es la presencia de Karina Milei. «El Jefe» —cuya ausencia en el periplo presidencial por Estados Unidos disparó mil rumores— llega junto a Martín Menem y una nutrida comitiva oficial con una misión que desborda lo protocolar. No aterrizan en San Juan para el brindis ni para cortar cintas de cortesía. El objetivo real es el cuerpo a cuerpo con los gobernadores para «ablandar» las voluntades en el Senado. La meta es tan ambiciosa como polémica: conseguir los votos para derogar las PASO y diseñar un traje electoral a medida del oficialismo. La maniobra deberá ser impecable para que el proyecto de ley no termine en el cementerio de iniciativas fallidas del Gobierno. La rosca minera, al final del día, es el combustible de una estrategia de supervivencia electoral que ya arrancó, aun cuando los números de la realidad no le cierren a nadie. Ni siquiera al propio Adorni.
